Soy Yolanda, la profesora de Drazen en Infantil. Con este niño tan especial, había detrás una familia maravillosa y, sobre todo, Hoda. Desde el primer momento que me miró y me habló, supe que era una gran persona, una de esas personas que te cruzas pocas veces en la vida.
Me sorprendió su gran generosidad, la predisposición de ayuda para todos; siempre tenía una buena palabra, un gesto amable, reconciliador y acogedor. Era el pegamento que unía a las personas, el puente y el abrigo. Daba importancia a todos los pequeños detalles y siempre estaba agradecida por cualquier gesto de los demás.
Mi vida se cruzó con ella, y solo me quedan palabras de agradecimiento por tanto que me enseñó. Siempre dispuesta a aprender para seguir ayudando.
Siempre estará en mi corazón, e intentaré ser un poquito —aunque sea muy poquito— como ella.