Para mi Hoda… Hodita ha sido siempre pensar en un rayo luz. Iluminaba cualquier espacio en el que estuvieramos: con su sornisa, su alegría, dulzura o su madurez y sabiduría que aportaba luz en las reuniones. Siempre tan positiva, encontraba la manera o alternativa para todo y era capaz de juntar perspectivas opuestas. Siempre arrojando luz con la Guía en la mano, y si no era en ese momento, lo consultaba y después aportaba la información pertinente.
Conocí a Hoda en espacios casuales, pero la conocí mucho mejor en el servicio: organizando juntas una escuela de primavera, cuando empezó a servir en la Junta nacional de Instituto de España y luego en la junta regional de instituto del este de España. Cada uno de esos servicios me ayudó a conocerla más y más, aunque ya desde el inicio adoré servir junto a ella. Su creatividad, su flexibilidad, su simpatía, sinceridad, preocupación por los detalles, preocupación por cada miembro del grupo, su entrega y dedicación, su sacrificio por un bien común… Hay tantas cualidades que pude observar en ella… Lo que jamás llegué a observar fue un atisbo de nada negativo, ni una fracción de ello, y eso es difícil. Sin duda su alma era pura y radiante y fue un regalo tenerla cerca, servir junto a ella, consultar con ella y compartir tiempo como amigas fuera de las reuniones.
La aprecié y la aprecio tanto, que aunque sepa que su alma estaba lista para partir, aun me duele cada vez que pienso en ello. Ella estaba lista, pero no se si nosotros lo estábamos.
La recuerdo siempre con una pasión por las artes plásticas. Cuando fui a su casa y me enseñó diferentes artes me maravilló. Esa dedicación y sensibilidad que le era propia aplicadas a cuadros y grabados fue todo un descubrimiento.
Gracias a Hodita por ser un rayito de luz que nos iluminó el tiempo que estuvo por aquí. Y estoy completamente segura que desde donde esté nos sigue dando luz cuando le recordamos y le oramos.