Una de las cosas que siempre me acuerdo de Hoda y de Marcos es cómo se llevaban, la relación que tenían. Me acuerdo que la primera vez que los vi juntos me impactó, me encantó. Fue en una Escuela de Verano en Llíria, hace muchos años. Creo que ahí fue la primera vez que los vi como pareja en vivo. Antes los conocía por separado, pero no los había visto ya casados, y me encantó ver cómo se trataban tan bien, cómo se cuidaban, cómo tenían consideración el uno por el otro.
En todo momento estaban pendientes de qué quería el otro, de qué pensaba, de cómo se sentía. Y me pareció tan, tan lindo, tan hermoso… algo que no había visto mucho en otras personas, en otras parejas. Para mí eso fue como una lección de cómo deberían ser todas las parejas. Eso, para mí, era amor verdadero: cómo se trataban, cómo se cuidaban, la relación que tenían entre ustedes.
Y bueno… es eso lo que siempre recuerdo.
Ahora que estoy casada me doy más cuenta, a veces, de lo difícil que es ser tan así, tan cuidadosos con el otro, y desprenderse del ego que uno tiene, desprenderse de eso, de todo lo que uno quiere, y poner por delante a la otra parte de la pareja.
Entonces, me parece todavía más valioso. Me doy cuenta de que realmente los dos eran —y son— increíbles, muy especiales. Por eso Dios los unió, por eso formaban una pareja muy, muy linda. Un verdadero ejemplo para todos.
Y bueno… el matrimonio es para todos los mundos de Dios, así que esa unidad que empezaron en este mundo va a continuar en todos los mundos de Dios. Y como han sido tan especiales en este mundo, seguramente seguirán siendo muy especiales en todos los demás mundos de Dios.
¡Qué lindo que hayan podido construir algo tan especial aquí!
Y qué hermoso pensar que eso puede continuar en los demás mundos de Dios.