Conocí a Hodá Mey en Banyoles, un sábado por la mañana de un verano ya lejano. Me hablaron de ella y de su esposo un momento, diciéndome que habían llegado hacía poco de Argentina y que eran un precioso y joven matrimonio esperando la llegada de su primer bebé.
Pasé 48 horas con ellos haciendo el libro 8.1 del Instituto Ruhí, junto a Emili, Silia y Manel. Me encantó su dulzura, frescura y bondad, cualidades que también transmitía su esposo Marcos.
¡Uauuuu! Ellos sabían de la Fe, pero eran humildes y tenían ganas de aprender.
Otra de las cosas que aprendí de ella fue a consultar sobre lo que la Casa Universal de Justicia nos explicaba, enseñaba y orientaba: llevaba consigo una carpeta tipo archivo donde guardaba todos los mensajes que había recibido de la Casa, y los consultaba ante las dudas que se nos planteaban en el estudio. (Aquello hizo que pidiera a la Editorial los libros de los Mensajes de la Casa).
Estaba sentada frente a mí. No perdía su sonrisa. Se estaba muy bien junto a ambos. Marcos me enseñó una oración en guaraní. La tengo guardada en la última página del libro. ¡Es un tesoro para mí! Es la oración de las dificultades.
Salimos a nadar a la piscina para descansar y fue muy muy gracioso cómo lo hacía para nadar: ¡jajajajaja! Nadaba de través para no cansarse. Creo que no sabía nadar demasiado bien, pero le gustaba. Lo pasaba en grande. Sus movimientos eran graciosos, ligeros, divertidos…
La magia se generó y nuestro contacto a través de WhatsApp me dio un nuevo título: ya era madre, hermana, hija, abuela, enfermerilla y bahá’í… pero ahora, Hodá me nombraba “Amiga del Alma”. ¡Lloré! Ella nunca lo supo.
Coincidimos de nuevo en Girona en el siguiente libro Ruhí. Ella y Marquitos eran los tutores. Estudiamos los diferentes nombres de Dios. Conservo en casa una cajita preciosa que nos hicieron forrar con papeles de distintos colores para guardar dentro un tesoro que no sabíamos qué era. Finalmente, nos lo entregaron: un paquetito de oraciones amarradas con un cordelito dorado que he ido repartiendo con el tiempo cuando ha sido necesario. Aún tengo algunas. Una de ellas será para Drazen. Con cuánto amor y delicadeza nos las entregó. En ese estudio también iluminamos el nombre de Bahá’u’lláh. Está en mi habitación.
Un estudio posterior se realizó en su domicilio de Girona. Ella no estaba, estaba sirviendo en el Instituto. Llegó el domingo por la tarde, antes de que nos fuéramos. Tengo grabado en mi mente el momento en que llegó. ¡Tenía tantas ganas de ver a su esposo! Le adoraba. Ambos fueron delicados y prudentes en sus manifestaciones de amor: una mirada al corazón, unas mejillas ligeramente sonrojadas, un abrazo suave como el que darías a un amigo, solo que con ambas miradas todo se lo decían desde el alma…
Corrió detrás del auto cuando nos íbamos; yo me moría de la risa. Si el coche paraba, ella paraba; si el coche arrancaba, ella volvía a correr tras nosotros, agitando su mano al aire, con amplia sonrisa, acompañándonos esa pequeñísima parte del camino. ¡Jajajaja! Aún la veo en mis recuerdos. ¡Jajajsjsja…!
Otra anécdota de ella fue su “antimareo” personal… Su cuerpecillo no toleraba demasiado bien los desplazamientos en coche y se mareaba. En una de sus manos sujetaba un montoncito de sal de cocina y con la otra se la iba llevando a la boca. (Mi conclusión fue que se autoelevaba la tensión arterial para evitar el mareo, ejem…). Era una receta de su querida madre.
De Ruhí en Ruhí y tiro porque me toca: nuevo libro en la sede bahá’í de Barcelona. Esta vez el L10-1. ¡Ohhhhh! Por fin, Hodá y Marcos habían sido bendecidos con una semilla hermosa que crecía en el vientre de ella. Se llamará Drazen… me cuenta que es un nombre de origen polaco. A mí me cuesta recordarlo… a ella le encanta.
No consigo aparcamiento, así que cada vez que pasa media hora debo comprar algo en el gran comercio que hay delante del Centro bahá’í para poder sacar el auto. El beneficiado será Drazen: un biberón, unos pañales…
Y se convierte en madre, y yo, por diferentes situaciones familiares, no podré sostener en mis brazos al peque, pero lo seguiré en fotografías, y recibiré su cariño a través del WhatsApp de “la Amiga del Alma”… Y sabré por Marcos, con quien me reencontraré en otro estudio en tiempos de COVID, que a pesar de los 3 añitos de su hijo, sigue aumentando ese lazo invisible emocional con su madre, que le amamanta con amor y delicadeza.
Y un día me la quitan, me la quitan y yo no sabía nada, y estaba tan cerca… ¡No es posible! Intento comprender. ¡Es que la necesitamos! Ella es un puntal para la Fe. ¡Su servicio es indispensable! ¿Y Marcos? ¿Y Drazen? ¿Por qué?
Y comienzo a elaborar esa respuesta que pone bálsamo en mi corazón: claro, era tan “pura” que ya podía servir desde el otro lado. La llamaron. Está allí, intercediendo por sus grandes amores, su Marcos y su pequeño, a quienes les están preparando para una misión importante ante una prueba tan grande, instruyendo a sus almas y a sus corazones…
Si no lo construyo así, me duele demasiado. No quise, pero no pude. Las lágrimas salían sin control. Pero la sentía tan cerca, sonriendo, en paz, sabiendo que continúa construyendo un mundo mejor, dirigiéndonos a nosotros a servir, a cumplir nuestro camino.
Gracias, Amiga del Alma. Ora por nosotros y nuestras familias.