Cuando era pequeña, había algunas pocas personas mayores que yo cuyo solo recuerdo me traía paz y alegría. Hodita era una de ellas. Una esencia de amor, de belleza, de fulgor.
Parientes tengo muchos, y Hodita tal vez haya sido mi favorita de todos (shh, no le digan a nadie). Su voz, su ternura… de niña me hacía olvidar cualquier pesar. Hacía unas voces chistosas y dulces, ¡nunca nadie le igualó! Qué gracioso cuando imitaba el acento persa. En realidad, podría dedicarme a escribir solo acerca de su humor. Cuántos corazones alegraba con sus chistes, sus gestos, su ingenio.
Y claro, cómo no mencionar su arte. Siempre me causó admiración y orgullo; admiración por su talento, y orgullo por llamarla familia.
Un ángel tan radiante no necesitó mucho tiempo en este mundo para brillar con todo su esplendor. Y ahora emprendió su vuelo a la infinidad, donde seguirá pintando, sonriendo y haciendo felices a las almas.