(Audio) A Hoda la reconocí cuando ella tendría alrededor de 7 u 8 años.
Había una diferencia de edad grande entre nosotros dos —yo soy más grande.
Recuerdo que era una niña muy enérgica, muy tremenda, como se dice acá.
Tenía, en un momento, unas pulseritas de plástico finitas, una gran cantidad que se usaban, y siempre estaba corriendo, riéndose, de aquí para allá, jugando.
Con el pasar del tiempo, los años nos acercaron.
Empezamos a tener una amistad, y casi llegó a ser prácticamente como de mi familia.
La sentía como parte de mi familia, aunque no existían lazos de sangre.
Mi madre y su madre fueron amigas.
Esa amistad tuvo varios tintes.
Uno de ellos era nuestro amor por el arte.
Hoda fue Licenciada en Artes Visuales, especialista en grabado, una talentosísima artista.
Compartimos la vida también: compartimos momentos que fueron pasando, momentos hermosos, felices, alegres… y otros no tanto.
Y esa amistad fue creciendo con el paso del tiempo.
Ella era una persona muy expresiva.
Siempre decía lo que sentía.
Recuerdo también su carcajada, tan patente cuando algo le causaba risa
Para mí, fue una mujer muy bella.
Comentábamos con Siria, mi hermana, que se parecía a una actriz de una serie turca, con una sonrisa maravillosa.
Sentía pasión por muchas cosas.
Entre otras, dedicó su vida a la Fe bahá’í.
Su familia había llegado a Mendoza desde Irán, como pioneros bahá’ís.
Ella dedicó gran parte de su tiempo y su vida a esa causa.
Y realmente generaba una gran admiración por su conocimiento sobre la Fe, por su generosidad, por su amorosidad
No creo que haya existido persona a la que ella no estuviera dispuesta a brindarle su amistad.
Generaba mucha admiración.
Compartimos muchos momentos cuando éramos jóvenes.
Después, más adelante, hubo momentos en que yo no vivía en Mendoza, en otros ella se casó, y al poco tiempo se fue a España.
Parecía que la amistad quedaría lejana, pero nos mantuvimos comunicados: a veces más, a veces menos.
Pero en los momentos más importantes de la vida, sí estábamos en contacto.
A veces hablábamos dos, tres veces por semana o más.
Recuerdo audios interminables.
Era un vínculo de familia para mí.
Una amiga muy querida, a quien admiraba, con muchos valores, con mucha actitud frente a la vida.
Una persona resiliente.
Me parece que su vida estuvo llena de pruebas.
Hay personas que, por vaya a saber uno qué destino, sufren mucho.
Y para mí, ella sufrió mucho.
Igualmente, tenía un carácter y unos sueños, unos planes que siempre estaban presentes.
Y la huella que creo que dejó en mí es la de la amistad.
Siempre estaba presente.
Ahora, aún más, intentaré no extrañarla tanto…
Y si pudiera contarle algo al mundo sobre Hoda, diría que fue una mujer con mucho poder.
Tuvo muchos talentos —intelectuales, espirituales, emocionales, artísticos también—
Y para mí, ese poder, su ser y su alma quedaron presentes, tangibles, en su hijito, en Drazen, a quien conozco desde que nació, y a quien quiero mucho.
Y creo que toda la vida lo vamos a querer, porque es parte de Hoda.
Así es que, bueno…
Quisiera compartir, para terminar, una breve frase, una canción que me gusta mucho y que me recuerda a Hoda:
“Aunque te abraces a la luna,
aunque te acuestes con el sol,
no hay más estrellas que las que dejes brillar.
Tendrá el cielo tu color.
Nos veremos otra vez.”