Conocí a Hoda por mi mujer, cuando nuestros hijos comenzaron la etapa escolar.
Me llamó la atención que fuera de Irán, que hablara persa, ¡y que también fuera argentina! Me explotaba la cabeza 🤣.
Ella era una persona muy sociable, muy educada, cariñosa… lo que viene siendo un ángel.
Me acuerdo que nos íbamos encontrando en el colegio y estábamos muy emocionados por la escolaridad de nuestros hijos.
Ella siempre estuvo 100×100 volcada en Drazen.
Hablábamos de nuestras inquietudes, de si lo hacíamos bien o mal como padres.
Recuerdo que cuando ella nos dijo a mi mujer y a mí que era artista, le empezamos a preguntar de todo: qué hacía, cómo lo hacía… mil preguntas.
Uno de sus sueños era tener una prensa para poder hacer sus grabados con marcos, y junto con su cuñado Javi fuimos —en plan locura— a por la prensa.
Recuerdo que un día le dije que el persa sonaba con muchas “p”, “l”, “o” y “a”, que sonaba como parim param —se partió de risa, no se lo esperaba. Nos reímos muchísimo con eso.
Su espiritualidad, tan presente por su Fe bahá’í…
Y su forma de ser era simplemente Hoda.
Todo el que la conociera sabe que era puro amor.
Una de sus últimas frases fue: «Que vivamos por ella».
Estés donde estés, te queremos muchísimo.
Te echamos muchísimo de menos.
Y en esta familia has dejado una huella que no se puede borrar.
Gracias por habernos dado tu amistad. Por siempre, Hoda.
Tu amigo, Javi.