Yo conocí a nuestra querida Hoda en Argentina. Era muy joven, ya estaba casada, desprendía alegría y tenía una linda sonrisa.
Lo que me impactó de ella fue su pasión por el arte y las cosas que amaba, su generosidad, su disposición de ayudar a los demás. Realizaba servicios con humildad y desprendimiento.
Una anécdota que tengo y recuerdo con mucho cariño es que un día Hoda se presentó en casa para celebrar juntas nuestro cumpleaños. Ella era del 28 de febrero y yo del 2 de marzo. Ella vivía en Barcelona y yo vivía en Madrid.
Otra cosa que me llamó la atención fue ver a Hoda enfrentar su enfermedad con valentía y aceptación. A pesar del dolor, ella nunca perdió la esperanza y trató de buscar el lado positivo de las cosas.
Ella nos enseñó a apreciar cada momento y a vivir la vida al máximo.
Lo que más dolió fue ver la tristeza y preocupación de pensar que iba a dejar a su hijo y a su esposo. A pesar de ello, siempre puso su amor y preocupación por el bienestar de su hijo y esposo.
Su partida dejó un vacío enorme en sus vidas.