Cristina

Hoda se convirtió en una gran amiga para mí en muy poco tiempo. La conocí en mis clases de aquagym. Recuerdo que me llamó la atención que era incapaz de hacer los ejercicios en flotación, y su valentía al querer apuntarse a clases de natación.

Llamaba la atención de ella que siempre tenía una sonrisa para todo el mundo, y siempre estaba dispuesta a ayudar a quien lo necesitase. Pero realmente empecé a conocer a Hoda un día 13 de junio. Era el cumpleaños de mi amiga Juana, y nos íbamos las dos a celebrarlo tomando café al salir de aquagym. Hoda se quiso unir a nosotras, y ese fue el primero de muchos cafés que tomé con ella.

Descubrí a una persona muy parlanchina, pero a la vez alguien que sabía escuchar y dar buenos consejos. Rápidamente se convirtió en una amiga a quien le explicaba todos mis miedos e inquietudes, y alguien que, conociéndome de tan poco tiempo, sabía tranquilizarme como nadie.

Solíamos quedar para tomar café algún día cada semana: dos cafés con leche y cuatro crusanitos sin chocolate… esa era nuestra merienda. Recuerdo que la última vez que tomé café con ella fue en su casa. Le llevé crusanitos sin chocolate y ella me dijo que yo era la única que sabía que a ella le gustaban los crusanitos sin relleno.

De todos los cafés que tomé con ella, ese fue el único que me dejó mal sabor de boca. Su abrazo al irme me sonó a despedida. Le dije que volvería a ir a tomar café con ella, pero algo en su mirada me decía que no sería así… y no, no me dio tiempo a otro café.

Recuerdo que una de las últimas veces que pude llevarla a tomar café fuera de casa, al aparcar mi coche, Hoda llevaba su ventanilla abierta y se coló una mariposa. Revoloteó cerca de Hoda y se posó en su espejo retrovisor. Ella la miraba fascinada y me contó que ella y su hermana recordaban a su mamá al ver una mariposa.

Ahora soy yo la que me acuerdo de Hoda cada vez que veo una mariposa revolotear cerca mío. Aunque ya no está físicamente y no puedo mandarle audios de 15 minutos que ella escuchaba atentamente para contestar con otro audio aún más extenso que el mío, siento que está aquí, cerca de mí, y que de alguna forma me tranquiliza cuando algo me asusta.

Hoda siempre será mi amiga. Esté donde esté, sé que sigue cerca de mí y de todos sus seres queridos. Sé que sigue cuidando de todos nosotros con todo ese amor y bondad que la caracterizaban.

Cristina

Amiga de Barbera, España
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