Hay personas que llegan como brisas suaves, pero dejan huellas imborrables en el corazón. Tú, Hoda, eres una de ellas. En el corto tiempo que compartimos, tu risa contagiosa, tu amor genuino y tu empatía sincera convirtieron momentos simples en recuerdos atesorados.
No necesitamos mucho tiempo para reconocer la luz en alguien, y tú brillaste con una calidez que caló hondo en mí. Aunque nuestras rutas se cruzaron fugazmente, y ahora ya no estés aqui, siempre estarás en mi corazón.
Con cariño eterno,
Mabel.