No tengo un recuerdo claro y vivo de cómo conocí a Hoda y Marcos, ni siquiera a quién conocí primero. Recuerdo que fue con la Comisión de la Escuela de Verano en Llíria (Centro Educativo Bahá’í en Llíria, Valencia), pero lo tengo algo borroso. Sí, en la Comisión estaba con los dos, y creo que los conocí allí, y no fue mucho más tarde que comencé a pasar verdaderamente tiempo con ellos.
Algo que puedo decir con certeza es que, cuando querías que algo se hiciera —porque ya sabes que siempre estamos buscando personas para hacer servicios— si querías que se hiciera, Hoda lo iba a hacer. No había un servicio que le pidieras que no hiciera. Por eso muchas veces intentábamos pedir a otras personas antes. Cuando ella hacía algo, lo hacía muy bien, quería hacerlo excelente y se tomaba su tiempo. Recuerdo muchas consultas para entender bien lo que queríamos hacer, y luego, claro, siempre estaba ahí, presente. Recuerdo los talleres, las ideas que teníamos tan guays, como el café musical…
También recuerdo el verano en Peñíscola, cuando fuimos la Comisión, y allí estuvimos preparando parte de la Escuela. Nos hacíamos fotos. Fotos de los pies en diferentes escenarios: un círculo de pies sobre la arena, otro sobre el césped, otro encima de unas toallas… No sé si esa idea fue de ella, pero le pegaría mucho.
Creo que al principio conecté fácilmente con Hoda, pero fue con los dos —Hoda y Marcos— que empezaron a formar parte de mi vida con intensidad y con mucho amor. Hoda era muy amorosa, muy suave, trataba con mucho respeto a todos. Cuidaba sus palabras, era muy cuidadosa…
También me acuerdo de cuando lo pasaba mal, porque aún no tenían a Drazen. Recuerdo que decía que ya era mayor, tenía treinta y muchos, y no se había quedado embarazada. Era difícil para ella en aquel momento. Entonces me acuerdo perfectamente de cuando se quedó embarazada… Imagínate, la alegría, la ilusión. Fue algo increíble.
Recuerdo que me enteré de su embarazo en Llíria también. Estábamos en un circulo, la estaba mirando y pensé: «Está embarazada». No sé por qué, pero lo irradiaba. Se notaba. La felicidad que transmitía, o algo así. Para ella, eso era lo más importante en su vida. Ese sentimiento… cómo sentía que iba a tenerlo.
También recuerdo haber ido a visitaros a Blanes, con Álex, y pasear. Estaba embarazada, tenía la barriguita. También nos reuníamos en Blanes, y me acuerdo que ella se encargaba de todo: de que todos estuviéramos bien, me acuerdo del piso que alquiló para que se quedaran a dormir, de tener la comida en vuestra casa… Con todo era así: pensaba en los demás, hacía todo con mucho cuidado. Recuerdo que era una persona muy atenta, muy consciente de lo que decía, con las cosas muy claras.
Recuerdo una vez en Peñíscola, cuando ya habíais venido los tres con Drazen, que yo vi algo que no me pareció bien que hizo con Drazen. No me acuerdo qué era, pero sé que se lo dije a ella. Y cuando se lo comenté una segunda vez, me contestó con convicción: que no. Que si era así. Que no estaba de acuerdo con lo que yo le decía, y que no hacía falta que le dijera nada más. Me acuerdo que pensé: “Claro, ya es diferente. Cuando entra en juego un hijo, ya no eres solo tú. Ya no aguantas ciertas cosas. Cuando está tu hijo en medio, ya no. Sale tu carácter más fuerte.” Y me dije a mí misma: “Jessica, no tienes que decir nada más. No te metas donde no tienes que meterte.”
Luego estuvo en la Junta Regional del Instituto. Me acuerdo que hablé con ella para invitarla a ser miembro, ella tenía mucha experiencia de la Junta Nacional. Ella tenía dudas y pensaba que quizá no debía asumirlo, pero igual lo hizo. Como decía antes, había pocas cosas a las que dijera que no. Lo asumió, y recuerdo lo minuciosa que era. Preparaba el orden del día, los temas, buscaba textos, lo acompañaba todo, preparaba cada reunión a conciencia. Dedicaba horas. Y luego todo salía muy bien.
También recuerdo cuánto quería a Marcos. Un cumpleaños suyo en Zaragoza: le hicimos una tarta. Ella buscó cómo decorarla, y pensaba: “Jolín, qué arte.” Claro, y entonces recordabas que era artista. Porque cuando hacía las cosas, parecía una persona normal —como todos— pero ella lo hacía quedar todo precioso.