Bueno, yo conocí la Fe en 1986, y supongo que la conocí —no sabría precisar cuándo exactamente— en alguna reunión bahá’í, seguro. Es decir, yo era simpatizante de la Fe y nos habremos encontrado en la sede o en algún lugar.
Como te digo, yo había conocido a la Fe bahá’í y conocí a su familia. Me acuerdo que conocí también a Vafa, a Rola… A Vafa, por ejemplo, tardé mucho tiempo en darme cuenta de que era iraní porque no le notaba acento. Las niñas eran chiquitas: Neda y Hoda eran pequeñas. Yo les llevo varios años. Ahora tengo 58, así que ellas eran mucho más jóvenes.
Hoda era una persona tranquila, no era una niña traviesa. No me acuerdo qué edad tendría ella, porque no sé cuántos años le llevo exactamente. Al principio puede que la diferencia generacional se notara, pero luego, cuando uno se va haciendo más grande, como que se mimetizan esas diferencias… y uno se hace más afín a las personas.
Con Hoda charlábamos mucho. Me acuerdo que ella estuvo de novia y la pasó medio mal, no se sentía muy bien con esa otra persona. Luego me acuerdo que fui a Soltaniéh (Centro Educativo en Mogi Mirim, Brasil) una vez y nos encontramos con Marcos allí. Me acuerdo que hablamos un poco de Hoda. El estaba desconectado de ella, pero habías tenido un acercamiento afectivo. Y bueno, fue como que hice de “Celestino”; los re-contacté. No sé si le di los datos de ella o le mandé una cartita. Creo que hizo algo allá con lo que yo le servi a ellos de emisario, de cartero.
Siempre la vi como una persona muy comprometida con la Fe, muy devota, muy correcta en su forma de actuar. Creo que era bastante alegre, le costaba tomar decisiones o sentía cierta incomodidad al tener algo importante que decidir.
Después entró a estudiar arte (Universidad de Cuyo), me acuerdo. He visto muchas de sus obras en su casa. Es más, el otro día vi un cuadro en la casa de un primo mío —su hermana, Fernanda Hidalgo, tenía ese cuadro colgado en la pared— y le saqué una foto porque era igual a uno que hizo Hoda. Era un trabajo de primer año de la carrera. Todos los estudiantes lo hacían, pero me impresionó mucho verlo hace pocos días.
Hoda era una persona muy sensible, muy cálida para charlar, para encontrarse, para lograr un vínculo afectuoso. A uno le agradaba estar en su presencia. Yo no soy de pelear con la gente, pero alguna que otra vez he tenido diferencias con alguien. Con ella, nunca. Nunca tuve una diferencia.
Cuando nacieron mis hijos, ella los quería mucho —de chiquitos, y por supuesto, también de grandes. Compartimos cosas en la Fe, actividades. Creo que fue una muy buena hija.
También me acuerdo de una anécdota: ella había empezado a dar clases y estaba asustada con los chicos, con la situación de tener que estar frente al alumnado, con cómo se trataban entre ellos. Yo le daba algún que otro consejo porque tenía más años de experiencia. Ella padecía un poco eso de dar clases, aunque en cierto modo le gustaba, pero esa realidad le afectaba. Una vez estuvimos hablando sobre las planificaciones que tenía que presentar. Yo, más o menos, le di una orientación. No soy muy ducho en eso, pero hablamos del tema.
Después, para el casamiento de ellos, me acuerdo que en octubre fuimos en nuestro auto a buscar un sitio para la boda. Encontramos un lugar allá, pasando Potrerillo, en Piedras Blancas o Valle del Sol, creo que se llamaba. Son villas pequeñas, una al lado de la otra.
Recuerdo que era fin de octubre. Íbamos con Yarita (mi hija), y ella vomitó en el auto. Se había tomado la leche y vomitó. Parece que su tumor ya estaba muy avanzado y le oprimía el estómago (en aquel momento padeció de cáncer, pero se curó). Esos vómitos le venían varias veces en esos días. Me acuerdo que ellos iban atrás con la niña en su sillita. No sé si se mancharon con el vómito, no me acuerdo. Pero sí recuerdo que paramos un ratito al costado del camino y compartimos ese momento.
Después, cuando se efectuó el casamiento, que creo que fue el 19 de diciembre de 2009, estábamos indecisos entre ir o no. Mi exesposa estaba muy aprehensiva, y Yarita tenía un poco de febrícula. Llamamos a la doctora, y nos dijo: “Disfruten del día, vayan, hagan lo que tengan que hacer. Es sólo febrícula, no tienen que venir al hospital aún. Siempre hay que vivir la vida.” Así que nos fuimos al casamiento.
Fue mi papá, mi mamá también. Me acuerdo que Yarita se quedó dormida en el auto, y mi papá se quedó cuidándola. Casi un mes y medio después, mi papá falleció. Recuerdo mucho esa boda, la ceremonia, el entorno, las oraciones, la luz de ese atardecer. Me acuerdo que ella estaba maravillosa, estaba espléndida, la vi muy feliz ese día, disfrutando. Fue muy lindo.
Después, Hoda se fue a Chile a servir al Templo Bahá’í de Sudamérica. Ahí nos distanciamos un tiempo. Fue como el preludio de que ya no iba a vivir más acá, en Mendoza, porque cuando volvieron, al poco tiempo se fueron a España. Y casi no nos vimos más.
Nos comunicamos una vez, y ella ya estaba, creo, bastante enferma pero estable. Chateamos un poco y me pidió un favor: que fuera a buscar unas cosas a la casa de un amigo, que tenía algunas valijas, cosas de arte, me parece. Eran bultos bastante pesados, y me acuerdo que los llevé a casa de otra amiga para que los conservara hasta que Hoda pudiera venir y llevárselos a España o decidir qué hacer con ellos. La persona que los estaba guardando se iba a mudar, así que fue necesario resolverlo. En ese momento tuvimos charlas más largas. Por ahí, si busco los chats, te los puedo reenviar. Recuerdo que le mandé unas fotos de cosas que yo había hecho en la montaña, de mis hijos, y otras cosas más… para charlar un ratito, aunque fuera a la distancia.
También me acuerdo de su época como miembro del Cuerpo Auxiliar. Creo que desarrolló una tarea muy bonita en ese campo de servicio dentro de la Fe. Yo también había sido miembro auxiliar, pero ya no podía continuar con esa tarea. Y fue ella quien la tomó después de mí en esta zona. Fue como pasarle la posta.
Me acuerdo también de cuando supe que estaba esperando un bebé, de cuando nació, y cuando cumplió su primer año. Me mandaron fotos, me enteré de varias cosas lindas. Fue muy bonito verlos allá. También hablamos por teléfono una vez, un rato bastante largo. Me dijo que no estaba muy bien de salud, pero me comentó que estaba trabajando. Creo que en un club deportivo, aunque no lo recuerdo con exactitud. Pero sí, me decía que estaba trabajando, y me contaba sobre eso.
También me acuerdo de haber visto muchas fotos suyas en estos últimos tiempos, que compartieron —creo que fue Neda—, fotos muy bonitas, recuerdos muy lindos, especialmente de allá, en España.
Cuando supe que estaba tan mal, tan grave, hablé antes con Neda, ya sabiendo que la situación era muy difícil. Todos los días recitaba la Tabla de Ahmad por ella —una oración especial—. Algunas veces también hacía la Tabla de Curación. Pensaba mucho en ella. Y cuando falleció, me quedé muy mal. Fue una noticia muy dura para mí. Cada vez que la recuerdo, me emociono, porque me cuesta creer que ya no esté en este plano de existencia. Sin embargo, sé que en algún momento nos vamos a reencontrar.
Me pongo mal por su familia, que han quedado acá con ese dolor, con esa pena, con esa sensación de vacío, con ese sentimiento de lo que pasó, tan triste. Ahora mismo tengo un nudo en la garganta. Me cuesta creerlo, me pone muy mal todo esto.
Recuerdo que una vez fui al cementerio a ver la tumba de mi papá. Y pensaba en Vafa, que también está en el mismo cementerio, y el de Hoda, su cuerpo estaba ahí (España), tan lejos, y sin embargo espiritualmente tan presente. Hoy, cada vez que paso por ese cementerio, pienso también en Hoda.