(Audio) Cuando ella era pequeña, yo tenía unos cuantos años más. Venía a mi casa familiar con su madre y su hermana, y siempre le gustaba que jugáramos a un juego que se llamaba “el cuarto oscuro”. Nos divertíamos mucho, aunque yo fuera mayor.
Después, en nuestra juventud, nos hicimos amigas… y fuimos amigas para siempre.
De ella recuerdo su vitalidad, su alegría, su pasión por el arte, su belleza —tanto física como espiritual—, su sabiduría, su capacidad de ver cosas buenas en todas las cosas y en todas las personas. Su pureza de intención, su pureza para interpretar cada cosa que le pasaba en la vida.
También compartíamos nuestro camino espiritual, y eso generaba una unión muy especial, tanto con ella como con su hermana.
Después, bueno, la vida hizo que viviéramos lejos. Pero cada vez que nos reencontrábamos era una alegría muy grande. Y, luego de algunos años, cuando ella se fue a vivir a España, tuvimos la oportunidad de volver a estar juntas: en España, en el pueblo donde vivía con su familia, y también en otros lugares, paseando, conversando.
Siempre tuvimos mucha afinidad y podíamos hablar horas y horas.
Creo que Hoda tenía una sensibilidad muy grande hacia las cosas de este mundo y del mundo espiritual. Tenía sensibilidad por el sufrimiento de las personas que la rodeaban, y también por el sufrimiento del mundo en general.
Pero siempre mantenía una mirada optimista.
También la conocí como mamá. Creo que fue una madre muy feliz, muy responsable. Se la veía inmensamente feliz cuando se convirtió en madre, y era muy dedicada con su hijo pequeño.
Pude ver con mis propios ojos ese amor inmenso que sentía. Y también lo sentí.
La huella que dejó en quienes estuvimos cerca fue esa alegría: su alegría de vivir, más allá de lo que le pasara, fueran cosas buenas o malas —como a todos nos pasa.
Ella siempre estaba con una sonrisa. Siempre tenía una palabra de aliento, un consejo sabio, una palabra de amiga. Y siempre estaba alegre.
Siempre tenía energía para hacer lo que fuera: lo que uno le propusiera, para salir a pasear, para juntarse a charlar, para todo.
Creo que tuvo muchas pruebas en su vida, pero a pesar de eso pudo cumplir muchos de sus deseos.
Quizás no todos, no lo sé… pero creo que logró formar una familia, casarse con su esposo —a quien amaba—, tener un hijo, criarlo aunque fueran los primeros años de su vida.
Fue muy triste enterarme de su enfermedad. Tuve poco contacto con ella en los últimos años, y también durante el tiempo en que estuvo enferma.
Pero siempre la recordé con mucho cariño, y así la voy a recordar siempre: con esa sonrisa, con esos ojos brillantes, con esa hermosura que tenía.
Mi anécdota… bueno, fue un viaje que hice a España y que compartí con ella. Lo pasé muy bien en muchos momentos de ese viaje, y gracias a ella, ese viaje fue muy especial para mí. Me dejó llena de recuerdos.