Cómo conocí a Hodita y cuándo…
Bueno, Hodita es mi prima segunda; nuestras madres son primas hermanas. Ellos vivían en Capitán Bermúdez, una localidad cerquita de Rosario, cuando llegaron a Argentina. Yo debo haber tenido dos, tres, cuatro años, y ella tenía un año más que yo. El recuerdo más lejano que tengo con ella es que éramos chiquitos, estábamos en un parque de Capitán Bermúdez, había como un tubo que era un juego, y ella me hizo pasar por ahí. Estaba lleno de hormigas y se me llenó la espalda de hormigas, y ella se reía y me ayudaba a sacarme las hormigas y demás. Esto debe haber sido en el año 85 o 86, más o menos.
En ese momento era muy chiquitita, pero muy pispireta —esa es la palabra que usamos aquí en Argentina—, como muy pícara, por así decirlo. Tenía una forma muy pícara de comportarse y muy cariñosa. Era una conjunción de picardía, pero no con maldad, sino una picardía con cariño.
Bueno, ¿cómo me relacionaba con ella? Éramos familia y estábamos juntos en reuniones familiares. Después ellos se mudaron de la zona de Rosario, se fueron a vivir a la zona de Mendoza, y ya nos vimos cada vez menos. Nos volvimos a encontrar ya de grandes, en los encuentros de Juventud Bahá’í, ya con 20 y pico de años.
Siempre nos llamábamos “primo”, aunque no nos viéramos mucho. Y ella era como que tenía el rol de ser mi prima mayor, y me cuidaba. Yo era su primo menor. Y como no tengo primas mayores, es la única prima —digamos, con mayor edad que yo— que me cuidaba siempre. Tengo esa imagen muy maternal de ella, de cuidarme a mí.
Sí, desde ya que le gustaban y le apasionaban todas las artes. El dibujo, sobre todo. Siempre la vi con un talento —no sé si natural o adquirido—, pero era un don que tenía ella para poder transmitir de una manera muy… eran dibujos con sentido, con contenido espiritual. Realmente siempre te llegaban a las fibras más íntimas cuando veías los trabajos y las obras de ella.